Nuestra Historia

El 10 de marzo de 1933, en las instalaciones de la Biblioteca J. B. Alberdi -donde funcionábamos en aquel entonces- se labró el Acta Fundacional de nuestra entidad, con la presencia de sus primeros miembros: el presidente, Fernando Azcoaga; Oreste Bovio; Francisco Tonelli; Romualdo Irazábal; Salvador Martín y Lorenzo Larreategui, tratando de allí en más como tema prioritario, el reclutamiento de socios.

Siempre supimos que los comerciantes y los industriales iban a aceptar este desafío, porque Venado Tuerto adquiría cada vez mayor carácter.

La migración de las comunidades que iban menguando a nuestro alrededor, colaboraba en nuestra evolución, y más aún a partir de la década del 30, cuando se inició aquel sostenido proceso de industrialización que tenía por objetivo fabricar algunos de los insumos que hasta ese entonces se importaban, proceso que se llamó Industrialización por Sustitución de Importaciones.

Entre muchas otras transformaciones, las migraciones internas iban mudando de aires la distribución de la población argentina, compensando los desajustes generados por el quiebre del modelo agroexportador de principios de siglo, debido al conflicto mundial.

Ya iba siendo hora de que la producción industrial aspire superar a la producción agropecuaria. Con ese fin se comenzaron a instalar en nuestra ciudad, empresas frigoríficas, metalúrgicas, fabriles y de servicios de carga. Ya notábamos que los mayores desplazamientos se iban orientando hacia nuestro centro urbano, con una interesante concentración.

La pujanza de Venado Tuerto emprendía un vital latido propio, que se fue acrecentando gracias a esos desplazamientos migratorios que se registraron en mayor medida en 1938 y en 1946, gracias al aumento de la mano de obra, salarios y financiamiento estatal para industrias de bienes de consumo de ese momento. A fines de la década del 50 se activó un desplazamiento interno que continuó durante la década del 60. La gente llegaba desde diversas provincias del interior del país, y en particular, desde las del noroeste y las del nordeste, para trabajar en nuestras fábricas.

Muchas zonas del interior se empobrecían porque sus producciones agrarias tradicionales habían menguado, obligándolos a migrar hacia los centros urbanos en busca de empleo y mejores condiciones de vida.
Saltamos a los años noventa, cuando se expandió una economía urbana basada preferentemente en el consumo, opuesta a la construcción de un modelo que debía haber articulado economía, sociedad y territorio sustentable, no perdiendo de vista a la producción. Así fue como la crisis económica que desde 1999 se profundizó, puso de relieve las consecuencias sociales que se viven aún hoy. A partir de la primera mitad del 2002, comerciantes e industriales se plantearon un nuevo modelo de ciudad, recobrando a Venado Tuerto como un espacio de trabajo, producción e integración, logrando una expansión económica que se tradujo en un crecimiento social y edilicio sorprendente.

El mundo transita por caminos inclementes, y con él, nuestro país y nuestra ciudad. Los comerciantes y los industriales, como siempre, lidiarán por responder a las dificultades económicas con creatividad y audacia. Ellos son quienes una y otra vez tienen que afrontar las competencias que traen los nuevos tiempos y las crisis más profundas que se reflejan en el mercado, luchando para no desequilibrar la delicada balanza de la trama laboral.

Ese es el compromiso que han tomado frente a la sociedad. Por eso nuestro deber como entidad es preservarlos, como lo hemos venido haciendo desde 1933, para que cada comerciante y cada empresario, pueda volver a ser un baluarte de sacrificio y de entrega.
Cada uno de ellos ha hecho propia la visión de quienes les han precedido en el camino, de tal modo que aquellas victorias del pasado vuelvan a ser las victorias del presente, para que sean sus hijos y los hijos de sus hijos quienes retomen la visión de los pioneros y sigan caminando hacia ese grandioso futuro que Venado Tuerto merece.